Entre otras distinciones por su obra poética, ha recibido el Premio Adonáis en 2009 y el Premio El Ojo Crítico de RNE en 2010 por su obra El minuto interior (Rialp, 2010), así como los premios internacionales Hermanos Argensola, Barcarola y Alegría.
Reseña crítica
«El paisaje poético de Rubén Martín Díaz muestra un reconocimiento crítico muy sólido. Su trayecto conforma una cartografía sin fisuras ni bruscos virajes [...]. Con su depurada sintaxis, el tiempo suma pasos que afectan, aleatorios, a la condición mudable del hablante. Los matices del recorrido interior afloran con fuerza en el primer apartado “Hombre asomado en el espejo”, formado por cinco composiciones, donde la introspección cimenta un diálogo abierto. Se contraponen la evidencia de lo externo y el despliegue de incertidumbres personales [...]. Desde ese fondo indagatorio, las cosas establecen un dilatado perímetro de sensaciones en el que se evidencia la luz del canto, un abrazo de gratitud y aceptación. En esa conjunción de motivos sensoriales, como un sueño desplegado en la noche, el yo pernocta en la fría superficie del espejo, asomándose a su razón de ser; es un terco animal que sale a descubierta, sin saber qué extraño destino puede deparar la mañana selvática [...]apuntala con fuerza la singularidad poética de Rubén Martín Díaz. En ella son indicios fuertes la imaginería brillante, la intensidad emocional y la perfecta construcción del verso. El poeta sabe que protagonizamos a diario una representación vital, un marco escénico empeñado en superar el desvalimiento de lo transitorio, la conciencia en vela que ve alejarse entre las sombras de un hábitat sin certezas la silueta fuerte de la juventud».
(José Luis Morante: "Habitar las cosas. Rubén Martín Díaz. Un tigre se aleja". Disponible en: https://puentesdepapel56.blogspot.com/2021/07/ruben-martin-diaz-un-tigre-se-aleja.html).
«En un contexto como el actual, que sufre cada vez de una manera más agresiva la aceleración cotidiana, el gesto de ruptura radical iniciado con la vanguardia histórica y, por otro lado, la ensombrecida tradición cultural que nos precede, la escritura emerge como un nudo en el que diferentes planos artísticos, signos y contextos se funden para dar una obra única, un verdadero crisol de lecturas y experiencias personales. Con los inicios del siglo XX, las artes visuales y la literatura se traban en una serie de movimientos artísticos efímeros (algunos de ellos muy breves, como el fauvismo, que tan sólo duró una temporada), en la que la cantidad de descubrimientos técnicos y formales catapulta la novedad y la obsesión por ir más allá hacia la segunda mitad del siglo, época que ve nacer, y que termina en cierta manera, con una autoconsciencia sin precedentes con el arte conceptual y la deconstrucción literaria. El pasado se veía, se sigue viendo en cierta manera, como un archivo al que el artista podía recurrir de manera indiscriminada. Sin embargo, frente a este escepticismo o juego vanguardista, que en ocasiones cae en lo ilusorio, otros muchos autores han basado su obra en el retorno al pasado y la búsqueda de equilibrio como un filtro desde el que mirar y, por tanto, conjugar la contemporaneidad con la serena tranquilidad y las concepciones que se desarrollaron anteriormente [...]. En esta última línea, que encierra una búsqueda por nuestra identidad, perdida en la globalización y el capitalismo feroz, se encuentra el cuarto poemario de Rubén Martín Díaz, Arquitectura o sueño. De este modo, mediante una aguda prosa poética, el poeta disecciona y profundiza en la vida de los objetos y sus efectos bajo la luna de París y, con todas sus consecuencias, la oposición aparente entre el sueño y la realidad [...] la importancia que tiene para Martín Díaz el legado artístico del siglo XX se manifiesta a través de diferentes canales que se acaban complementando y, como consecuencia, forman un telón de fondo adecuado para la reflexión sobre la ensoñación. De esta manera, podemos encontrar citas (Pere Gimferrer), écfrasis (descripciones verbales de una imagen, muy numerosas en el poemario, que van desde Lorraine hasta Munch, pasando por autores como Delacroix o Van Gogh), y homenajes (Borges y Valente), entre otros elementos, que trenzan y amplifican, como venimos diciendo, el artefacto literario [...]. En última instancia, Rubén, desde su posición privilegiada y equilibrada, nos muestra cómo tradición y vanguardia, realidad y sueño, son dos pares de conceptos que, más que oponerse, poseen una infinidad de puntos de contacto perfectamente visibles para el que, en estos tiempos, es capaz de profundizar tranquilamente y adentrarse, poco a poco, en la perspicacia de lo complejo, de nuevos horizontes que conforman una resistencia en continuo movimiento y, por ello, esperanzada».
(Héctor Tarancón Royo: "El sueño de la razón. Rubén Martín Díaz. Arquitectura o sueño". Disponible en: https://elcoloquiodelosperros.weebly.com/la-biblioteca-de-alonso-quijano/arquitectura-o-sueno).