Una vez en su nueva residencia imparte clases del latín, Religión Católica y Literatura en varios centros educativos, dedicándose a fondo a la educación de la infancia y la juventud en unos de los barrios más necesitados de la capital, el barrio de La amistad de Valencia.
En 1983 ingresó en la Agrupación Literaria Amigos de la Poesía ostentando desde 2003 hasta 2013 el cargo de presidente.
El año 2000 fue finalista de los Premios de la Crítica Literaria de la Comunidad Valenciana con su libro de poemas Hijo de la tierra; en 2002, con Ebrio de luz, recibió el Premio Amics D’Or en Literatura de la Asociación Cultural y Deportiva Amics del Maritim.
El año 2003 fue nombrado académico de Número de la Muy Iltre. Academia Mundial de Ciencias, Tecnología y Humanidades que, el año 2004 le honra con la Placa al Mérito Académico. Ese mismo año recibe el Premio Vicente Gaos de Poesía del Ayuntamiento de Valencia por su libro No detengáis el alba.
El año 2005 fue finalista de los Premios Literarios de la Crítica de la Comunidad Valenciana, en la especialidad de ensayo, con el título Agrupación Literaria Amigos de la Poesía. 50 años de historia.
El año 2009 su libro Donde nace la luz obtuvo el premio Vicente Mojica del Ateneo Cultural de Alicante, siendo finalista de los premios de la Crítica de la Comunidad Valenciana el 2010.
El año 2010 ganó el premio ALCAP de Poesía de la Agrupación Castellonense Amigos de la Poesía con el poemario Poker de reinas, que también fue finalista de los Premios de la Crítica Literaria de la Comunidad Valenciana.
El año 2018 el Excmo. Ayuntamiento de Cuenca le publica El jardín de los poetas, iniciando con este poemario una colección de poesía bajo este mismo título genérico.
Reseña crítica
«Según tiene escrito el poeta Miguel Romaguera en la introducción a la antología poética Con el viento solano: “Pedro José Moreno pertenece, por edad, a una generación de poetas que se hallan entre la segunda generación de postguerra y los novísimos. Por fecha de publicación de sus primeros libros está vinculado a la generación del 80. Pedro José Moreno heredará circunstancialmente cosas de ambos grupos y su visión del mundo”.
Por su parte, Romaguera ve en la poética del autor la herencia de las dos grandes tendencias de la poesía española del siglo veinte, lideradas respectivamente por Juan Ramón Jiménez y por Antonio Machado, así como del legado de la generación del 27.
Juan Luis Bedins, en su prólogo a Ebrio de luz señala en la poesía amorosa de Moreno Rubio reminiscencias de Aleixandre, Neruda y Rosales.
Concha Galán, en el prólogo a Apenas voz, tal vez viento, definió “Poesía la suya, elemental, sin afeites formalistas o culturalistas, limpia de polvo y paja como el grano de las majas castellanas. Poesía que dice lo que el corazón siente: el anhelo de Dios y la fraternidad con el hombre”. Si en el primer caso vio las huellas de San Juan de la Cruz, en el segundo percibe las de Miguel Hernández».