Joaquín Belmonte siempre ha sentido una especial inclinación por la poesía, género que empezó a escribir desde su juventud, aunque no fue hasta el 2011 cuando se decidió a publicar y mostrar su obra. También ayudó a su vocación literaria que su padre fuera el conocido poeta manchego Ismael Belmonte.
En clave de semblanza literaria, Joaquín Belmonte busca el impacto de los versos, lo que en definitiva dicen, muestran, emocionan y transmiten. El impacto en el lector es primordial, ese néctar que en definitiva se retiene para saborear la poesía en el recuerdo.
Cuenta la distancia, en numerosas ocasiones equivocada, que uno establece ante lo que acontece en el día a día por el mero hecho de existir, de vivir, por ese complicado entramado de sensaciones que abordamos o soportamos momento a momento. Quiere reflejar en sus letras el esfuerzo que realizamos cada día para tapar aquellos huecos que las horas nos permiten, puesto que desplegamos todo tipo de “artes” para suplicarnos a nosotros mismos que estamos y se nos espera.