Con 16 años empieza a escribir poesía, que entiende como herramienta con la que llegar a algo verdadero.
Ha estudiado Matemáticas en Niza y actualmente estudia Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid.
En su primer poemario, Hilo y agua (Editorial Gato Encerrado, 2022), explora una filosofía cotidiana a la vez que compleja con base en la palabra y en los secretos del mundo, una poesía que busca lo aséptico en la belleza y emoción en lo exacto.
Asimismo, sus poemas han aparecido en revistas como Aquí, Granos de polen, Todas las flores o Virguliéresis, y en antologías como Tú: tercera antología poética y Nanorrelatos, ambas publicadas por Ediciones con talento.
Reseña crítica
«La lucidez, la inteligencia y el autoconocimiento se enhebran en Hilo y agua, el debut literario de la joven poeta toledana Alba Magdalena. La Editorial Gato Encerrado lanza su ópera prima, un universo propio que apela a un “tú” colectivo sumido en el caos y contra el que lucha página a página, ordenando su comprensión del mundo […].
Con influencias que van desde Francis Cabrel y Federico García Lorca hasta Emily Dickinson, Lao-Tse, Robe Iniesta o Taylor Swift, el debut de Alba Magdalena hace honor a su título con el hilo y el agua como herramientas creadoras. “El agua es lo que necesitamos para sobrevivir y los hilos lo que no se ve, algo que nos conecta o que hay que desenredar, y algo delicado que también podría apretar demasiado y hacer daño” […].
Ante todo, este debut literario supone una reflexión sobre la verdad, un “intento de ir quitando velos a través de la escritura”, como si estuviera escrita en clave al tiempo que se ofrece sencilla y sin adornos».
(Culturas de Castilla-La Mancha: Hilo y agua: el debut literario de la joven poeta toledana Alba Magdalena, 20/08/2022. Disponible en: https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/provincias/toledo/hilo-agua-debut-literario-joven-poeta-toledana-alba-magdalena_1_9275014.html).
«Personalmente pienso la poesía como una rutina. Si hay algo que realmente me apasiona es la música y he aprendido o sacado más sobre poesía de las letras de las canciones que de los que son poetas como tal. Con unos trece años empecé a escribir cosas que pretendía que fueran canciones, pero no conozco el lenguaje musical ni sé tocar instrumentos. Sin querer eso se convirtió en escribir poesía de manera pretendida. Sí supongo que empezó como una necesidad, que dio lugar a poca cosa que ahora pueda sentir como rescatable o útil, porque no tiene que ver con la manera en que ahora concibo la escritura. Lo que concibo ahora es que me gusta pensar en ello como una rutina que yo he decidido tener, he decidido dedicar tiempo de mi día (de mi vida) a escribir.
El proceso va cambiando, cuando empecé a visualizar los poemas que tenía como un libro, porque tenían un hilo conductor claro, aunque los separasen años, me sentaba todos los días con mis cuadernos y tres libros de consulta al lado: la poesía de Emily Dickinson, el Tao Te Ching y el diccionario. Descubrir estos dos primeros fue muy emocionante porque encuentro en ellos temas y hasta palabras concretas que yo usaba, quizá incluso sin tener yo misma muy claro qué simbolizaban en mí. Pero una idea viene en cualquier momento, lo que nunca cambia y siempre necesito hacer es apuntar palabras, imágenes o descripciones sobre un concepto que me inspiren y a los que puedo recurrir cuando esa inspiración no viene por arte de magia. Esa magia la he conocido, claro, pero no creo mucho en ella o no estoy segura de querer creer mucho. Cuando escribo pretendo encontrar algo, tratar de formular una frase de una manera diferente, enredar las cosas o ser tan sencilla que resulte confuso.
Por ahora pienso mucho en que quizá el fin real de escribir sería dejar de hacerlo, que lo mejor que se puede escribir o decir, no se escribe ni se dice. Me gustaría callarme, y no lo hago y escribo porque todavía soy inocente, como digo en el libro».
(Poética, escrita y facilitada por la propia autora).