Estudió el Grado en Historia del Arte y el Máster en Producción e Investigación en Arte por la Universidad de Castilla-La Mancha.
Entre sus intereses destaca la Filosofía y la Psicología del Arte, especialmente su aplicación como medio terapéutico de autoconocimiento. Comenzó a volcarse en la escritura a los quince años, bajo la supervisión de su profesora de Lengua y Literatura.
Tras años de divulgación mediante redes sociales y un primer poemario de cariz introspectivo, con el título de A flor de ser (ExLibric, 2021), actualmente trabaja en la elaboración de un segundo poemario, enfocado en poesía militante. Junto a ello, otros temas recurrentes tanto en su verso como en su prosa son las reflexiones en torno a obras de Arte, experiencias como viajera, sensaciones sobre personas o la tensión constante entre amor-desamor.
En 2022 resultó ganadora del Concurso Cultural de Poesía de la Universidad de Castilla la Mancha con su opúsculo Versos de trinchera. Cuatro poemas: el antes, el durante y el después de una guerra, y ha publicado también diversos artículos en la revista Dosis Kafkiana.
Reseña crítica
«A flor de ser es el primer poemario publicado de Raquel Aranda García. Nos encontramos ante una poesía plenamente intimista, nacida desde el interior para alumbrar la condición del yo. Surgen así hondas y trascendentes preguntas sobre qué es el ser: “¿qué somos / sino un sueño en blanco / condenado a tiempo? / ¿Sino un pasado ennegrecido / por el peso de volverse polvo? (“Ser y no ser”). De este modo, la introspección actúa como el resorte poético principal del libro. De hecho, la propia autora resulta la primera lectora de sus poemas: “Ni tampoco soy poeta / solo expreso. / […] Por eso ahora la estrofa / me tiembla si la desvelo: / si ella escribe y yo me leo” (“Dentro”). Bajo este carácter introspectivo tan marcado, poesía y yo van de la mano, se conciben como la prolongación del mismo ser: “Por eso, todo lo que «soy» / seguirá siendo en lo escrito: / porque en cada punto aún me extingo / y a cada página sé que aún revivo” (“Bajo piel”).
En varios momentos observamos una aspiración romántica a lo infinito, a lo imposible: “y ansiar sentir lo más alto / me hizo caer aún más hondo” (“Melancolía del sinsentido”). De hecho, la fuerte sentimentalidad que aflora durante toda la obra se congrega bajo el título del poema “Sentio ergo sum”, toda una declaración de intenciones. Emociones, precisamente, “A flor de ser”, pues el yo confiesa conmovedoramente de su corazón que “bombea a base del recuerdo y lo sentido / […] Cuánto puede él desaprender sus emociones, / si nunca supo distinguir alma de piel”. Este desnudo y penetrante sentir desemboca en ocasiones en una actitud de desengaño: “Sin embargo, intentar inevitables / no es amar la sinrazón. / Porque ¿cómo no atarse a ella? / Si la existencia jamás tendrá su verdad. / Si su mayor certeza es la perdición. / Si la vida es sinsentido, ¿por qué no vivir de tal? (“Melancolía del sinsentido”). La presencia del silencio cobra importancia en la obra, a veces como un pretendido medio de evasión (Intenté inventar el silencio / con tal de cesar el mundo”; “La causa de un mar”), y otras como un cómplice del malestar (“Ahora estoy aquí, / agonizando verso en silencio”; “El don del polvo”).
Sin embargo, subyace siempre en sus versos un germen vitalista, el deseo de autoconfirmarse: “Ahora estoy aquí, / agonizando verso en silencio, / escribiéndole a lo incierto. / Gritando a un oído mudo / que me niego a inexistir, / que merezco mi verdad” (“El don del polvo”). La poesía se concibe entonces como un medio de autoterapia: “Que esta pluma guarda verso / para coser cada herida / […] Porque escribirme me alivia, / pero escucharme me seda. / Porque leerme me cura, / pero entenderme me regenera (“A destinta”). Dentro de su estilo, destaca la rima consonante, así como un gusto especial por las imágenes musicales: “Soy melodía sin destreza, / desacierto con sonido; / […] Soy armonía envuelta en caos, / disonancia en pleno pulso” (“De agua”). Y es que “hay poemas que laten / en clave de Fa: / sonidos graves, / silencios negros; / golpes de instantes / y caricias en seco” (“En clave de fa”).
En conclusión, A flor de ser supone un recorrido interior, en el que el yo se cuestiona su existencia, sufre la caída a los abismos de un doloroso silencio, pero, gracias al poder terapéutico de la poesía, termina celebrando la vida: “Por eso, quien vive con alma, / jamás dejará de amar nada: / ni de amarse de por vida, / ni de amarla (“Materia y forma”). El siguiente paso en la trayectoria poética de Raquel Aranda es el primer premio del Concurso Cultural de Poesía de la UCLM en 2022. El opúsculo ganador fue Versos de trinchera. Cuatro poemas: el antes, el durante y el después de la guerra. Con la Guerra Civil Española de trasfondo, la autora realiza un homenaje a las figuras de Pablo Picasso y Federico García Lorca, así como a las víctimas del conflicto. Se adentra de este modo en el cultivo de la poesía militante, que resultará la nota protagonista en su nuevo trabajo, inédito aún».
(Javier García Serrano)